Custodia de mano de Fernando Marmolejo

Custodia de mano de Fernando Marmolejo

Brillantes, perlas, oro y plata dorada, relevada, recortada y fundida. 51´7 cm. de altura; 19 cm. de ancho del sol; 38´5 cm. de ancho del pie. Marca y punzón en el pie: FECIT/FERNANDO MARMOLEJO; DONACIÓN DE LA SRTA. ANGELA DÓMINE DESMAIRES A LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA DE NO RESPETAR DEVUÉLVALO A LA FAMILIA.

Bibliografía: FERNÁNDEZ TALAYA, M.T. Y JUNQUERA PRATS, J., Museo de la Catedral de la Almudena. Catálogo de la exposición. Madrid, 2007, pp. 292-293.

Custodia de sol con viril de oro formado por un primer aro guarnecido de diamantes, un segundo de perlas y un tercero al que se abren quince palmetas regulares en sus dimensiones y en su disposición, que están adornadas con diamantes. Bajo el viril una cabeza de querubín alado da paso al astil. El vástago, está formado por cuatro nudos decorados con motivos vegetales y tornapuntas en forma de ce. El inferior, además, presenta cuatro querubines que se apoyan sobre las volutas superiores. El gollete trapezoidal da paso a un pie troncocónico, que también está decorado con motivos de ces, de carácter vegetal y con cabezas de ángeles, y se apoya sobre una peana formada por veneras recortadas.

Las inscripciones grabadas en el pie nos indican que fue realizada por Fernando Marmolejo por encargo de la Srta. Ángela Dómine Desmaires, que la donó a la Catedral de la Almudena. Además en el pie encontramos el escudo de la familia de la donante y un número de inventario de la primera catalogación de las piezas de la Catedral.

Se trata de una pieza historicista ya que reinterpreta la estructura formal y los motivos ornamentales propios de las obras de la primera mitad del siglo XVIII, periodo conocido como Segundo Barroco.

Desde el punto de vista formal, las obras de este periodo del Barroco se caracterizan por la simetría, un rasgo presente en esta custodia., que permite compararla con otras piezas, como el ostensorio de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en Berzosa del Lozoya (Madrid) que fue realizado por Juan de San Faurí entre 1754 y 1761.

También los motivos ornamentales de esta custodia -veneras, tornapuntas con forma de ce, cabezas aladas de querubines y motivos vegetales- son habituales en las obras barrocas. Aunque la forma de trabajarlos nos remite de una forma más directa a la orfebrería andaluza de la primera mitad del siglo XVIII, que también presenta abundantes motivos ornamentales, relevados o rehundidos para crear claroscuros, como podemos apreciar en el acetre portátil de Martín de Mendoza Natera , en el proyecto de corona de Tomás Jerónimo de Pedrajas o en la cruz procesional de la Iglesia Parroquial de San Andrés de Encinasola (Huelva).

Aunque a simple vista podemos pensar que se trata de una pieza Rococó por la abundancia de motivos decorativos, carece de líneas sinuosas y onduladas o de una disposición asimétrica, recursos que en el Rococó se suelen emplear para enfatizar el movimiento. En este sentido se asemeja al atril de la Iglesia deSanta María, realizado en 1740 y expuesto en el Museo de la Catedral de la Almudena (Imagen 1), que se aleja del Rococó por la preeminencia de líneas rectas, la estructura simétrica y la ausencia de decoración en rocalla.

Estas características son recurrentes en la obra de Fernando Marmolejo que, como atestigua una inscripción que ya hemos reproducido, realizó esta custodia.

Este artista nació en 1915 en Sevilla, donde su padre, José Marmolejo, trabajaba como forjador y cerrajero. Se formó en la Academia de Bellas Artes y continuó su formación en el taller de su padre y en el de Cayetano González. Durante la guerra civil trabajó como oficial ajustador y, finalmente, en 1940 abrió su propio taller. Se retiró en 1999 y murió en el año 2006. No obstante sus hijos han continuado su labor. A lo largo de su carrera ha recibido numerosas condecoraciones: en 1953 recibió la Medalla de Oro del Concurso Nacional de Artesanía; en 1968 fue nombrado Artesano ejemplar; en 1984 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría; en 1985 recibió la Medalla de Andalucía; y en 1998 el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales le concedió la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo. Además en 1999 el Ayuntamiento de Santiponce le dedicó el Museo Municipal Fernando Marmolejo, donde hoy se exponen muchas de sus obras gracias a las donaciones de su familia.

El trabajo de Fernando Marmolejo continúa la tradición platera del Barroco andaluz. Por ejemplo el dibujo de una jarra que realizó para la Hermandad de la Carretería de Sevilla en 1947, -hoy expuesto en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla- presenta una decoración rehundida con tornapuntas en forma de ce, motivos vegetales y cabezas de querubines alados (Imagen 2). También en este mismo museo encontramos el dibujo de una custodia que realizó en 1949 para la orden de las adoratrices de Huelva (Imagen 3). A pesar de que responde a una tipología distinta –es de tipo retablo- existe una gran semejanza entre ambas, por su simetría y por la ornamentación, que en los dos casos se caracteriza por la búsqueda de claroscuros y por la abundancia de motivos ornamentales. Características que también encontramos en el Diseño para el Altar de la Coronación que se expone en el Museo de la Catedral de la Almudena (Imagen 4).

Las custodias son una de las principales tipologías religiosas. Aunque su origen se remonta al siglo XIII tuvieron una enorme difusión durante la Contrarreforma, que fomentó la devoción eucarística . En este momento aparecieron las custodias de tipo sol, tipología en la que se inspira Fernando Marmolejo. Sin embargo este orfebre sevillano introdujo una novedad en la forma de trabajar el viril, que presenta palmetas en lugar de una ráfaga o querubes.

Como hemos ido viendo a lo largo de este trabajo en esta custodia se aprecia la maestría de Fernando Marmolejo. Además, su excelente factura se ve enriquecida por el uso de materiales nobles, como el oro, la plata o los brillantes y las perlas, que procedían de un collar de la donante. No nos puede extrañar, por tanto, que sea una de las piezas más interesantes del Museo de la Catedral de la Almudena.

 

Isabel Burgos Ávila.

Septiembre, 2016.

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