Capa pluvial, Terno de los Apóstoles

Capa pluvial, Terno de los Apóstoles

TÍTULO DE LA OBRA
Capa pluvial del Terno de los Apóstoles.

CLASIFICACIÓN
¿Toledo?
Segunda mitad del siglo XVI

PROCEDENCIA
Antigua parroquia de Santa María de la Almudena (Madrid)

MATERIALES
Terciopelo rojo, lino rústico, hilos metálicos de oro y plata. Hilos de seda.

TÉCNICA
Bordado por aplicación y al matiz.

MEDIDAS
142 x 290 cms.

DESCRIPCIÓN
Capa pluvial de terciopelo encarnado forrado con tela de lino rústico encerado. Presenta decoración de bordados en el capillo y en las cenefas o franjas laterales delimitados por retorchas de hilos de oros. Los motivos ornamentales consisten en roleos, medallones ovalados, elementos vegetales, draperías y tornapuntas. Los bordados están realizados a base de hilos dorados e hilos de seda azules, verdes y amarillos.

ESTADO DE CONSERVACIÓN
Bueno.

BIBLIOGRAFÍA
AA.VV. Museo de la Catedral de la Almudena. Catálogo de la Exposición. Madrid, 2007. P. 320.

ESTUDIO
El Ordenamiento General del Misal Romano dice textualmente: el sacerdote lleva el pluvial, o capa pluvial, en las procesiones y en otras acciones sagradas, según las rúbricas de cada rito (n. 341). El origen de este ornamento se remonta al siglo V. Se trataba de una prenda confeccionada en algunas regiones de Italia para resguardarse de la lluvia y del frio. Con el tiempo fue perdiendo su uso original para convertirse en un ornamento litúrgico de calle. Prueba de su uso primitivo es el capillo que las capas pluviales siguen conservando con una función meramente ornamental pero que en origen era la capucha.

La capa pluvial que nos ocupa hacía juego con una casulla, siendo éstas las dos únicas piezas que se conservaban del llamado Terno de los Apóstoles. Sin embargo, la casulla también ha desaparecido desconociendo, a día de hoy, su paradero, pero de la que se conserva una fotografía relativamente reciente que se adjunta en esta ficha.
El trabajo de bordado se localiza en las franjas de la capa y en el capillo. Los motivos decorativos, a base de draperías y cartelas de cueros recortados, se pusieron de moda en España a partir del segundo cuarto del siglo XVI . Fueron importados desde Italia por medio de grabados de la época y, de primera mano, por algunos de los artistas españoles que viajaron hasta allí para conocer las obras de los maestros del Renacimiento. Entre estos embajadores artísticos destacaron Diego de Siloé (ca.1495-1563), el pintor Pedro Berruguete (1450-1503) y su hijo, Alonso Berruguete (1490-1561) entre otros. En Italia, uno de los primeros artistas en recurrir a este lenguaje decorativo para el salón del palacio Romano de la familia Rovere, actualmente Palacio Colonna, fue Benardino di Betto, conocido como Pinturicchio (1454-1513).

Estos motivos ornamentales están formados por seres monstruosos, híbridos, bichas, putti, grutescos, composición a candilieri, búcaros, etc. Es un lenguaje inspirado en la decoración de la Domus Aurea, palacio construido por el emperador Nerón, abandonado en época de Trajano y redescubierto en el siglo XV . Prueba de la fascinación que esta decoración provocó durante el siglo XV y XVI en todo Occidente y particularmente en Castilla, es la gran cantidad de retablos, pinturas, textiles, piezas de orfebrería, pintura mural, etc., que los artistas decoraron con estos seres inquietantes y estos objetos extraños durante los dos últimos tercios del siglo XVI. El afecto de los artistas del momento por este elenco decorativo de debe a que, aunque estaba inspirado en la Antigüedad Clásica, permitía dar rienda suelta a la imaginación y creatividad de los que los reproducían. De cualquier manera, se puede apreciar una evolución de los grutescos hasta su extinción a finales del siglo XVI.

La Escalera Dorada de la Catedral de Burgos, obra de Diego de Siloé, concluida en 1526, fue una las primeras obras de este primer Renacimiento Español. En Madrid tenemos un buen ejemplo de retablo y cenotafios decorados a la manera romana, como se le conocía en la época. Son los realizados por Francisco Giralte en la Capilla del Obispo. Obra finalizada en torno a 1556.

Entre 1545 y 1563, la Iglesia celebra el Concilio de Trento. El arte se convierte en un medio ideal para la transmisión de los dogmas católicos. Como consecuencia de esta necesidad de comunicación por parte de la Iglesia, se crea un nuevo estilo de retablo atendiendo al espíritu de la Reforma Católica. En España, el retablo del monasterio de El Escorial se convierte en el prototipo de los retablos de esta época nueva que abarca casi la totalidad del siglo XVII. La ausencia de decoración superflua y la estructura arquitectónica clásica, contribuyen a que la transmisión del mensaje católico sea clara, teniendo presentes a los menos instruidos. Con esta nueva tipología de retablo se suprime el elenco decorativo del Protorrenacimiento que empieza a ser considerarlo de origen pagano e incluso perturbador. A este nuevo gusto estético impulsado por la Iglesia se unieron las criticas que algunos tratadistas del arte había hecho al grutesco.

Los bordadores que confeccionaron la capa del Terno de los Apóstoles de la Catedral de la Almudena, han recurrido a esta decoración renacentista, pero suprimiendo todo elemento figurativo. Este aspecto nos ayuda a situar cronológicamente en el último tercio del siglo XVI, momento en el que la decoración figurativa se va suprimiendo, la realización de los bordados. Van quedando como nuevo lenguaje decorativos los elementos de inspiración vegetal, las cartelas de cueros recortados o ferronerías, las tornapuntas, los jarrones, etc. , siendo esta decoración más abstracta la que permanecerá durante el siglo XVII para los ornamentos litúrgicos.

Este ornamento pertenece a un momento de la historia del arte conocido por los estudiosos de la materia como el Siglo de Oro del bordado . Durante el siglo XVI, en España, se desarrollaron gran cantidad de talleres de bordado normalmente vinculados a las sedes episcopales y a veces fundados por los propios cabildos catedralicios. Destacan el de la ciudad de Toledo, el Monasterio de Guadalupe, Burgos, Sevilla o Pamplona. No tenemos información del lugar donde fue confeccionada la capa de Terno de los Apóstoles, sin embargo, por ser una pieza inventariada en la Parroquia de Santa María de la Almudena de Madrid, es probable que sea obra del taller toledano, centro de bordadores que proveía de ornamentos a la extensa Archidiócesis de Toledo de la que Madrid formaba parte, o quizás de los talleres escurialenses.

En cuanto a la técnica, se trata de un bordado sobrepuesto. Las labores de este tipo no se realizan directamente sobre la tela base de fondo, sino que se bordan aparte, en bastidor sobre lienzo fino. Una vez bordada la pieza, se recortaban y se aplicaban al ornamento, uniéndolas mediante pequeñas puntadas de seda amarilla. Después, los motivos bordados se perfilan con hilos de oro. Éste fue la técnica preferida durante los siglos XV y XVI. El bordado sobrepuesto está realizado mediante punto de tapiz con hilos de oro y sedas de colores. Para dar consistencia al tejido, se pone un forro de lino rústico encerado que permite dar aplomo a la caída de la capa.

El terno parece inventariado entre los bienes de la Parroquia de Santa María de la Almudena y en el inventario del derribo del templo del año 1868 . En el reverso de la capa, se ha conservado una etiqueta de papel de la Junta de Incautación y conservación del Patrimonio artístico, que cataloga la pieza con el número 7775.

Es una de las piezas textiles más antiguas de la Catedral y, por haber pertenecido a la antigua parroquia de Santa María, goza también de una especial veneración por haber formado parte del ajuar de la sacristía de aquella que fue la parroquia más importante de Madrid.

 

Óscar Uceta García
Museo de la Catedral de la Almudena

BIBLIOGRAFIA DE REFERENCIA.
AA.VV. Caminos a Guadalupe. Catálogo. Extremadura, 2008.
AA. VV. El Árbol de la Vida. Cat. Exp. Segovia, 2003
AA. VV. Kyrios. Cat. Exp. Ciudad Rodrigo, 2006.
AA.VV. Museo Nacional Colegio de San Gregorio. Madrid, 2009.
AA.VV. Testigos. Cat. Exp. Ávila, 2004
CHASTEL, A. El Grutesco. Madrid, 2000.
TARRERO ALCÓN, C. La Iglesia de Santa María la Real de la Almudena: dos siglos y medio de arte e historia (1638-1868). Madrid, 2007.

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